miércoles, 20 de octubre de 2010

Jet lag


Estimado lector o lectora:

Es posible que mientras yo escribo estas letras usted esté durmiendo. Y es posible que cuando usted lea este texto esté durmiendo yo.

Y es que vivir en continentes distintos crea un desfase vital entre las personas.

Hace años esta discrepancia no importaba, pues la lentitud de los medios de comunicación hacía irrelevante el hecho de que, al recibir una carta de un amigo o familiar desde un remoto lugar, la carta hubiese sido escrita de día o de noche.

Hoy al contrario, este desfase es evidente, y con los modernísimos medios de comunicación se manifiesta de inmediato. Cuando hablo a mi madre, o chateo con mis hijos mayores, puedo decirles ... ¡hola mamá, buenos días!; u ... ¡hola hijos, buenas tardes!. Y ellos responden a mi saludo diciendo ¡buenas noches!. Porque mientras aquí en Nueva Jersey vamos a comer, en España es la hora de la cena.

Alguna tarde he recibido, justo saliendo a trabajar, la llamada telefónica de un amigo que después de cenar quería, desde el otro lado del Atlántico, contarme un par de cosas importantes. Y aunque la situación requería de su tiempo, el momento de mi marcha era improrrogable.
Él se encontraba en casa relajado, en bata y zapatillas, escuchando música y con alguna hora disponible por delante. Yo en cambio estaba en medio de un ajetreado día, y no andaba sobrado de tiempo.
Mientras hablábamos, en el mismo instante, ambos vivíamos momentos del día muy diferentes.

Con respecto a esta cuestión, una situación muy desconcertante es que, de madrugada, te despierte la llamada telefónica de alguien que, sin darse cuenta de las seis o siete horas de diferencia horaria, te pregunta: ¿qué tal va todo? Y lo peor es que a la desorientación que acompaña el repentino despertar, se une el temor de que, a esas horas, no te hayan llamado para nada bueno.

Pero el desfase horario entre continentes repercute, sobre todo, en los vuelos de larga distancia a través de los husos horarios. Nuestra biología entiende peor que nuestra mente que, saliendo de Madrid a las dos de la tarde, lleguemos a las cuatro de la tarde a Nueva York, después de ocho horas de vuelo.

Son síntomas frecuentes producidos por este tipo de viajes, aparición de fatiga, desorientación general, alteración del sueño, alteraciones del apetito y de la digestión, cambios en el estado de ánimo. También se suele sentir mareo y dolor de cabeza. En fin, un conjunto de síntomas a los que se conoce con el nombre de “síndrome del desfase de husos horarios”, más popularmente conocido como jet lag.

¿Cómo superar el jet lag?
Personalmente me baso en lo que he leído, y sobre todo en mi experiencia en vuelos. Para minimizar los efectos del jet lag recurro a lo siguiente:
- Planificar el viaje de tal manera que llego a destino un par de días antes de incorporarme al trabajo, o a un ritmo intenso de actividad cotidiana. De esta forma dispongo de, al menos, dos días para “funcionar a medio gas”.
- Viajar descansado. Desde un par de días antes del vuelo procuro estar tranquilo y dormir lo suficiente.
- Mantengo el ejercicio físico que realizo habitualmente. Me produce bienestar.
- Comer pocas cantidades pero de forma frecuente, antes, durante y después del viaje.
- Cuando el avión despega, pongo en mi reloj la hora de destino.
- Ya en el avión me relajo y, cuando puedo hago algún ejercicio suave, como estirarme o caminar.
- No beber ni alcohol ni café durante el viaje.
- Me incorporo enseguida a actividades moderadas de la vida cotidiana, en el lugar de destino. Evito quedarme en casa todo el tiempo, y salgo a pasear, a comprar alimentos, a ver a algún amigo o familiar.
- Cuanto antes, visito lugares muy significativos para mí. En Cartagena el mar o La Muela, en Nueva Jersey un precioso sendero junto al río Hudson, en La Piedad (Michoacán – México), La Plaza, El Portal de Abajo, y la Iglesia del Señor de la Piedad.
- Mientras realizo estas actividades voy buscando que me dé el sol, para ayudar a reajustar mi reloj interno.
- Muy importante según mi experiencia. Dormir en el horario de destino. Si la primera noche duermo poco, no vuelvo a dormir hasta la noche siguiente.

Y … ¿cuál es el resultado?
Generalmente bueno, y en pocos días, a veces en horas, me encuentro suficientemente bien y apenas si siento los efectos negativos del viaje.
Pero no siempre es así. El último viaje entre Nueva York y Madrid, en julio de 2010, me dejó aturdido y tardé un par de días en volver a coger el ritmo.

Otro detalle es que acuso menos los efectos indeseables, y me adapto antes, cuando viajo desde España hacia América (bien a México, o a los Estados Unidos), que en los viajes desde América hacia Europa.

Y es que, por lo que sé, los efectos del Jet Lag son más tenues cuando se viaja hacia el oeste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.